Reino de Alexandria
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Alimentándome...

Mensaje por Nanashi Shiroi el Dom Sep 26, 2010 11:46 am

La Luna brillaba alta en el cielo, se veía maravillosa, tan bella como siempre. Nanashi andaba por los caminos de tierra del poblado admirando la Luna y algo hambriento, necesitaba un poco de sangre. Al parecer la sangre de los niños era la única que realmente le saciaba por completo y no hacía que perdiera el control tan fácilmente como con la sangre de los adultos. Empezó a pensar en cuando un grupo de vampiros atacó su casa y le convirtieron en uno de su especie. En estas que recordó que el vampiro que le convirtió era un niño de unos escasos 10 años y que puede que por eso sintiera cierta atracción por la sangre infantil...Dejando estos pensamientos de lado dirigió su rojiza mirada hacia todos lados en busca de alguna presa que valiera la pena. Tuvo suerte y a lo lejos divisó un niño que estaba sentado en el suelo y llorando. Se acercó a él y entabló conversación con él para luego llevarlo a un lugar algo escondido para acabar con su vida y saciar su sed de sangre.

Una vez llegado a ese lugar, puso al niño contra la pared y le lamió las lágrimas que escapaban de sus ojos, degustando el sabor salado de éstas. El niño temblaba de miedo, entró en pánico por lo que no pudo ni siquiera gritar, gran ventaja para Nanashi, así sería más difícil que lo descubrieran. Acarició el infantil rostro del niño para intentar tranquilizarlo y llevó sus labios hacia el cuello de éste, aspirando su aroma, deseoso de clavar sus colmillos y catar el sabor de la sangre infantil. No lo pudo soportar más y clavó con delicadeza sus blancos y afilados colmillos en el níveo cuello del menor. Éste abrió los ojos de par en par cuando le clavó los colmillos y notó como su sangre salía por aquella herida que le hizo.

Comenzó a succionar aquel fluido carmesí que tanto le gustaba, entrecerró los ojos disfrutando del momento. El niño hacía todo lo posible por quitárselo de encima, pero la falta de sangre en su pequeño cuerpo se lo impidió. Agarró al niño de las caderas y lo acercó más a su cuerpo, para así resultarle menos complicada la tarea de extraerle la sangre. Notó como el pequeño perdía fuerzas gradualmente hasta que su pequeño y joven corazón se paró. Aún estando muerto Nanashi no se separó de él, quería exprimir hasta la última gota del menor. Cuando terminó, deshizo aquel mordisco y dejó caer bruscamente al niño en el suelo, haciendo cierto ruido, el suficiente para que quien paseara por allí se diera cuenta de lo que había hecho, pero no le importó, ahora mismo no era él, sino otra persona. Se limpió la poca sangre que caía por su barbilla y se relamió mirando el cuerpo inerte del chaval.

-Muchas gracias por tu sangre...descansa en paz...-le susurró al chico que yacía muerto en el suelo, sabía que era un gran error beber la sangre de un niño inocente pero no podía evitarlo, era la única sangre que le saciaba por completo durante muchas horas.
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